16 mar 2009

“El contador de historias” – Rabih Alameddine (2008)

He empezado un nuevo libro, un impresionante mamotreto de 660 páginas.
Nada más empezar me ha dejado prendado por lo magnético de su narración y la belleza de sus palabras.
No he podido resistir a acabar el libro para hacer la entrada, necesitaba colgar esto en el blog, si lees estas tres muestras adivinarás por qué.
“Y al-Mutanabbi luchó al lado del príncipe y lo alabó, inmortalizándole en versos tan elocuentes que se dice que las rosas se marchitaban de vergüenza al no poder competir con su belleza”.
“Y al-Mutanabbi abandonó la corte de Kafur y se burló de él, inmortalizándolo en versos tan mordaces que se dice que las serpientes se ocultaban bajo piedras ante el horror de no poder competir con su veneno”.
“No soy más que una flecha,
disparada al aire,
que desciende de nuevo,
sin dar en el blanco”.
No me digas que no es genial.

El Poeta del Tigre (2ª parte)

Japidéi Rumi ya había... ¿Que quién es Japidéi Rumi? Es nuestro amigo el hippy postmoderno de lustrosa cabellera y aún más lustroso perro.
Le llamaban Japidéi porque, de pequeñito, el día que vio la película de Whoopi Golberg “Sister Act”, se le quedó grabadísima una de las canciones, la que cantaba un chavalín con voz angelical: “Oh happy day, oh haappy daay”. Los dos años siguientes estuvo cantándola casi ininterrumpidamente, lo cual le hizo ganarse innumerables collejas, broncas, coscorrones y demás gestos familiares. Aún hoy en día la canturreaba de vez en cuando, sólo con la intención de molestar.
Japidéi siempre iba acompañado de su fiel amigo Bupi, el perro. Le puso ese nombre tan cursi en honor a la protagonista de su película favorita.
Pues eso, vuelvo a empezar.
Japidéi Rumi ya había elaborado, retocado, acabado y entregado su tesis doctoral sobre los escritos de los lavabos de los bares. Orgulloso y emocionado esperaba la nota. La angustiosa espera no se demoró mucho. El trabajo había llamado la atención del profesor examinador nada más verlo, y fue el primero en evaluar.
Le endosó un categórico suspenso.
Le dijo que cómo se le ocurría hacer una payasada así, que los estudios que cursaba eran muy serios, que más le valdría aprender a manejar un pico y una pala, de esos que no llevan botón, o como mínimo se bajase de las nubes y pusiese los pies en el suelo, que es donde los debe tener un chico de su edad.
Japidéi Rumi reflexionó sobre lo acontecido y llegó a una clara conclusión: -El profe me tiene manía.
Se tomó la cuestión con una indeferencia absoluta, actitud muy acorde con su carácter, y decidió, sólo por puro placer, seguir con su trabajo.
Un día, en el hospital de Bellvitge, lugar en el que se encontraba por razones que no vienen al caso explicar aquí, no se pudo resistir a chafardear en el lavabo del vestíbulo, y encontró esto:
¿TE GUSTARÍA QUE ME FOLLASE A TU NOVIA O MUJER?
¿O QUE HICIÉSEMOS UN TRÍO?
Justo debajo había una respuesta muy clara:
¿Y SI TE METEN UN BUEN CIPOTE POR EL CULO? GILIPOLLAS
Muy adecuado para el lugar, sí señor.
Al día siguiente decidió volver a pasar por la gasolinera de Cervera, ya que las puertas de sus lavabos eran una auténtica mina.
Con gran regocijo descubrió que en el marco de la puerta de la izquierda había una nueva nota. Era un tópico muy utilizado en este ambiente literario pero no por ello falto de gracia y salero:
EN ESTE LUGAR ESCONDIDO
POR DONDE PASA TANTA GENTE
HACE FUERZA EL MÁS COBARDE
Y SE CAGA EL MÁS VALIENTE
Genial.
Tan contento se puso que decidió entrar en el lavabo de la derecha. La vez anterior se quedó un poco desilusionado porque lo que más resaltaba de ella eran los dibujos de dos descomunales cipotes, lo que hizo que se le quitasen las ganas de tomar notas, pero esta vez decidió que valía la pena perder un poco de tiempo para ver si sacaba algo en claro.
¡Vaya que si valía la pena! Escudriñó la puerta hasta el mínimo detalle, descubriendo que debajo de los escritos más prominentes había más, casi borrados o tachados, y no dudó en sacar libreta y lápiz y empezar a transcribir todo lo que ponía allí.
Encabezaba la puerta una nota de alguien que no dudó en utilizar el soporte como herramienta publicitaria y adjuntando un teléfono:
ALQUILER EQUIPO DE SONIDO + DJ.
Muy útil, sí señor.
A continuación aparecía este sinsentido:
MUERE TODOS
Y un poco más abajo esto:
(SKINS CERVERA CHUNGOS)
Y abajo del todo esto otro:
CERVERA = MUERTE
Notas que destilaban violencia absurda y gratuita, pero por suerte no todo era de ese estilo. En letras grandes y escritas con desgana alguien había escrito esta bella cita:
MÁS VALE UNA SONRISA TRISTE QUE LA TRISTESA DE NO PODER SONREIR
Sesibilidad que el mismo autor echó por tierra sorprendentemente con este otro escrito:
HASEMOS TRÍOS A DOMISILIOS, LLÁMANOS, BUENA POLLA (TF.)
Realmente inaudito.
Más o menos a la misma altura se entremezclaban una senyera, un esbástica y unos ininteligibles caracteres árabes, aparte de un rótulo que decía esto:
THE OREM
Y otro que decía:
MOROS = PIOJOS SOCIEDAD
Un viejo conocido nos recordaba su nombre:
CARLITOS
Repartidas por toda la puerta se encontraban tres invitaciones de las típicas, con teléfono adjunto:
PUTA DE REMATE
GEMMA: RUBIA Y CACHONDA, SI QUIERES SAVER + DE MI TE ESPERO
CASADA 30 AÑOS
Y un delicado diálogo de desastrosa sintaxis:
¿QUIERES FOLLARME EL CULO?
MI POLLA (este bello y escueto verso estaba acompañado del dibujo de un segmento torpemente trazado de una centimetrada considerable)
SI ME PONES CITA TE LA CHUPO
ME GUSTA ESTA MIDA
DISFRUTAR CON MI BOCA
PON MÓVIL
Es de imaginar que tanta alusión sexual del mismo color cansa. He aquí una clara muestra:
LOS QUE PIENSAN EN POLLAS SON MARICONES
Y otra:
MAMONES Y CHUPAPOLLAS
Japidéi se dio cuenta de que los inmensos cipotones también llevaban mensaje inscrito. En uno de ellos se podía leer simplemente esto:
PULPO GALLEGO
Y en el otro lo siguiente:
SOY ESPAÑA, CÓMEME
Este último, además, estaba adornado por uno de sus lados con estos versos de clara inclinación política:
SOY DE VALLADOLID EN ESPAÑA
LO DE CATALUÑA NO ES ESPAÑA
POR QUE LO DIGO YO, Y PUNTO
Y si de claridad estamos hablando he aquí el pie de puerta:
ZP Y REPSOL = LADRONES
ETA + ZP = 11M.

Japidéi Rumi rebosaba felicidad. Con mucho cuidado se guardó la libreta en el bolsillo como si fuese un preciado tesoro y salió a la calle donde le esperaba intranquilo Bupi, su precioso Setter Irlandés, el cual se había entretenido comiéndose las caquitas de gato que encontró medio enterradas justo al lado del bonito arbolito que Japidéi había escogido para amarrarlo.
De vuelta a casa, disfrutando el momento con sosegado caminar, no pudo evitar quedarse prendado de una bella imagen. En la rama de un árbol de la calle jugeteaban unos lindos pajarillos... y Japidéi se quedó mirándolos, absorto.

“Los clanes de la Luna Alfana” – Philip K. Dick (1964)

“Loco es, estrictamente, un término legal”.
Esta frase aparece en esta novela dicha, o pensada, o lo que sea, por un hongo del cieno ganimediano con poderes telepáticos.

¿Cuál es el límite entre la locura y la cordura?
Si este límite existiese, ¿qué sería la locura?
Se podría definir como un comportamiento humano que, de alguna manera, puede ser nocivo para el que lo sufre o para los que le rodean.
Pero si esto fuese así no habría hospitales suficientes en el mundo para encerrar a tanto tarao. Existen multitud de comportamientos humanos nocivos que consideramos absolutamente normales.
Entonces, ¿a quién llamamos loco?
Pues a un enfermo mental, al que, simplemente, no se comporta de forma normal. Curiosa palabra, “normal”.
Ahora supongamos que existiese una sociedad en la que todos y cada uno de sus componentes fueran enfermos mentales.
Estar loco sería perfectamente normal. Tener un comportamiento anormal sería normal.
Lo anormal sería estar cuerdo.
¿Quién sería entonces el enfermo?
Estas y otras cuestiones se tratan, aunque de una forma poco profunda, en esta novela de ciencia-ficción de naves espaciales y seres extraños con extraños poderes.
Está bien. Me ha gustado, pero no me ha tocado la fibra en ningún momento, quizá porque esperaba más.
Para incondicionales del género.

3 mar 2009

Pepe Rubianes

Un saludo desde aquí abajo, para ti y para los que te encuentres por ahí. Ahora te toca hacerles reír a ellos. Hasta siempre.Te echaremos de menos.

25 feb 2009

El acueducto. Capítulo XI.

(Para ver el capítulo I pinchar aquí).

Pasaron unos minutos hasta que Juan Luis recobró su ritmo de respiración habiltual. Y poco a poco Blas fue encajando la broma intentando poner su aprecio por el chaval por delante de su maltrecho orgullo.
-Es usted un artista gastando bromas.
-Gracias, hombre.
-Pero la próxima vez le arrancaré los ojos.
Juan Luis, conteniendo un nuevo ataque de risa, se sentó en el sofá al lado de su amigo.
-Veo que me vuelves a llamar de usted. Eso es señal de que me has perdonado.
-No sé no sé.
-Y ahora, Blas, ¿me vas a decir cómo has entrado?
-Tengo la llave.
-¿La llave?
Blas le mostró con cara de pillín dos horquillas de Marita.
-¿Esa es la llave?
Ahora era Blas quien reía.
-¿Bueno vale, supongo que alguna razón habrá para que hayas entrado aquí clandestinamente, y espero que…, para ya de reír, espero que me la expliques.
Blas fijó su vista en la oscura pantalla del televisor apagado y en voz baja dijo: - Es una larga historia.
-Y creo que me la vas a contar…
-Me parece que no tengo otro remedio.
-Está claro que no. Creo que tengo derecho a saber más de alguien que tiene la llave de mi casa.
-Cualquiera la tiene.
-Pero no cualquiera la usa.
-Está bien. Vamos a ver, no sé por dónde empezar. Por cierto, ¿tiene usted algo de comer?
Juan Luis se quedó tieso, pero se dio cuenta de que él también tenía hambre. Eran ya altas horas de la madrugada y los efectos del whisky habían dejado paso a un hambre voraz.
-Buena idea. Vamos a la cocina, a ver qué hay.
En unos segundos la mesita del sofá, la de poner los pies, estaba repleta de queso, jamón, buenos embutidos y un porrón de vino. Dejaron aparte cualquier otro tema y dieron buena cuenta con gran placer de todo aquello.
-¡Qué maravilla! ¡Estaba todo buenísimo!
Juan Luis sonreía satisfecho mientras servía el café.
-Huele bien…
-Es una mezcla especial que hace mi tío. Es un artista.
-No lo dudo.
-Venga Blas, suelta prenda.
Blas desenfocó la mirada e hizo una larga pausa que Juan Luis respetó. Quería contar la historia desde el principio sin dejarse ningún detalle.
-Ahí va… Mi abuelo tenía un restaurante en Segovia.
-¿Tu abuelo?
-Sí, mi abuelo.
-Parece que va a ser una larga historia.
-¿Cómo ha deducido eso? ¿Será porque ya se lo he dicho antes?
-Vale vale, sólo espero que no sea una de tus trolas.
-No lo es.
-Te creo, de momento; sabes que a mí ya no me engañas.
-En fin, mi abuelo, Eusebio Cuesta, tenía un restaurante en Segovia.
-¿Cuesta? Tú no te apellidas Cuesta…
-¿Quiere usted dejar de interrumpir?
-De acuerdo, ya me callo.
(Leve pausa).
-Mi abuelo tenía un restaurante en Segovia.
Juan Luis apretó los labios con un disimulo muy poco discreto para no dejar salir de su boca otra interrupción al tiempo en que Blas le apuntaba amenazante con la cucharilla del café.
-Era un negocio humilde pero les daba a él, a su mujer, Serafina Cantalapiedra, y a su hijo Damián, de 16 años, lo suficiente para vivir sin demasiados apuros.
Un día aparecieron por alli dos italianos. Se hacían llamar Rodolfo y Lucio Spaggiari, y decían provenir del corazón de Sicilia.

-Juan Luis escuchaba atentamente cautivado por el arte que tenía Blas para contar historias. Pero sin dejarse ir completamente, no fuese que Blas hubiese encontrado la manera de endosarle la mayor trola jamás contada sin que se diese cuenta-.

Rápidamente se hicieron clientes fijos, adoraban la manera de cocinar de Serafina. Iban a cenar casi a diario y se zampaban formidables banquetes.
Además, dejaban generosas propinas y agasajaban a la cocinera con agradecidos elogios.
Los Spaggiari vestían de manera muy elegante y se comportaban con modales muy refinados. Sin duda, pertenecían a una buena familia.
A mi abuelo no le caían demasiado bien, ni a Damián tampoco, pero sus ingresos se habían doblado desde que ellos venían, no sólo por sus grandes comilonas, si no porque su presencia había atraído a clientes de clases más altas.
Una de esas noches, Rodolfo Spaggiari pidió a mi abuelo que preparase una exquisita cena con lo mejores mariscos para la noche siguiente, quería celebrar la llegada a Segovia de dos miembros más de la familia, Roberto y Nicolás, respectivos hijos primogénitos de Rodolfo y Lucio Spaggiari.

18 feb 2009

Otro mensaje

Desde este humilde blog quiero enviar otro mesaje, pero éste está dirigido particularmente a mis lectores.
Aunque hasta Homer Simpson los podría contar con los dedos de una mano, y es posible que le sobrase alguno, sois muchos más de los que esperaba.
Mi más sincero agradecimiento.
Os aseguro que me hace mucha ilusión. Al fin y al cabo lo que aparece en este blog es una parte de mi vida.
Escribir estimula y enriquece, y saber que alguien va a leer lo que escribes es de lo más halagador.
Y por eso os voy a hacer un regalito. Aquí os ofrezco unas bonitas fotos. Espero que os gusten.
Ups, perdón, esta última se me ha colao.

Por último me gustaría recordaros que, ya que lo que gusta de este blog son las bobás pseudoliterarias, a veces en las entradas de discos el lápiz coge las riendas y escribe sobre lo que le parece. ¿Habéis visto la de Motorhead?
Saludos cordiales.

11 feb 2009

“Vivir del viento” – Alberto Vázquez Figueroa (2003)

Vázquez Figueroa ha utilizado el formato de novela para escribir una denuncia muy directa a la corrupción que envuelve al negocio de los aerogeneradores que tan buena imagen tiene en la sociedad.
La novela es una historia inventada, con personajes imaginarios con personalidades y problemas distintos, pero lo importante del libro es el mensaje, que le deja a uno con una mosca enorme detrás de la oreja, de esas verdes, gordas y peludas, y te hace mirar a los gigantescos molinos de viento de una forma distinta.
Además del tema de la corrupción, en éste y otros ámbitos, trata el tema de la enfermedad terminal, el amor, la lucha por la justicia aunque signifique la ruina personal o lo que es lo mismo, la integridad humana, y otros temas profundos que el autor de “Tuareg” sabe tocar con maestría. No desperdicia ni una oportunidad para exponer su idea sobre los temas más variados, sobretodo en boca de Bruno Barreto, que es sin duda el personaje más atractivo del libro, aunque sea secundario.No es una novela apasionante ni especialmente adictiva, pero sí muy interesante y agradable y fácil de leer.
Me ha gustado.
Ahí van un par de fragmentos que he extraído. Que cada uno juzgue.

“El cáncer nace, aún nadie sabe exactamente por qué razón, dentro del propio cuerpo, por muy perfecto que éste sea, se desarrolla sin control ni explicación posible, y unas cuantas estúpidas y enloquecidas celúlas destruyen por completo en pocos meses la maravilla que otros millones de inteligentes y perfectas células tardaron más de treinta años en construir.
¿Por qué la naturaleza, que se supone que es tan sabia, permite que semejante aberración tenga lugar?”

“La corrupción empapa de tal modo el tejido social en que nos desenvolvemos, que ha acabado por aceptarse con total naturalidad”.

Un mensaje

Desde este humilde blog quiero enviar un mensaje a toda mi gente, y a todas esas personas que de algún modo han formado parte de eso que llamamos “La Vida”, mi propia vida.
A mi mujer y a toda su familia; a mi propia familia, tanto los cercanos como los lejanos, los que veo, los que no y los que nunca veré.
A mi jefe y mis compañeros de trabajo.
A esos empresarios para los que trabajé en tiempos en los que había más penas que glorias.
A mis amigos de Girona.
A aquellos colegas del barrio que hace tanto que no veo, quizás por eso mismo, porque no son más que colegas.
A la gente de Tremp y la de Pobla, los que son amigos, que son bien pocos, los conocidos y los que sólo me suena su cara o ni siquiera me suena, y al resto de habitantes de esta provincia dejada de las manos de Dios y del Demonio.
A los inmigrantes y emigrantes de estas y todas las tierras.
A los que siempre dicen que van a hacer algo que nunca hacen, a los que sí lo hacen, a los que ya ni lo dicen porque se conocen, a los que lo hacen sin pensar…
A los que aman, a los que sufren, a los que viven la vida sin vivirla, a los que la viven a tope.
A los que odian porque no lo pueden evitar, a los que sí pueden y siguen odiando por puro placer –el más dañino de los placeres-.
A los que saben valorar una sonrisa ajena, a los que la saben regalar, los que la dan espontáneamente, los que se la tragan por no darla aunque haga daño, los que no pueden, los que no saben sonreir…
Quiero enviaros a todos un mensaje y que quede escrito aquí para toda la eternidad:




¡MIRA QUÉ PANTALONES DE CUERO NEGRO MÁS GUAPOS QUE ME HE COMPRAO CON UN 10% DE DESCUENTO!!!!!!


Gracias a Patricia Conde por la idea.

2 feb 2009

Radio 3

Me encanta Radio 3.

180 grados.
Discópolis.
La Libélula.
Hoy empieza todo.
Siglo 21.
Como lo oyes.
El Ambigú...

Me encanta Radio 3.

Virginia díaz.
Juan Suárez.
José Miguel López
Virginia Díaz.
Diego Manrique.
Tomás Fernando Flores.
Pilar Arzak.
Virginia Díaz...

Es que Radio 3 me encanta.

25 ene 2009

“El traje del muerto” – Joe Hill (2007)

Conocí la existencia de esta novela por un programa de Radio 3, Discópolis. Es un programa musical, la excusa para hablar de él era que libro se vende, de manera opcional, con un disco que contiene las canciones a las que se hace alusión en él, todas ellas de rock y heavy metal. El protagonista es una estrella de rock duro y gótico ya entrado en años que colecciona cosas extrañas. Joe Hill, que por cierto, es el hijo de Stephen King y ha heredado gran parte de los genes de su padre, debe ser admirador de este tipo de música, porque no pierde una sola oportunidad de hablar de una canción o de un grupo. Sin ir más lejos, el prota tiene dos perros a los que llama Angus y Bon, en alusión directa a Angus Young y Bon Scott, guitarra y cantante de ACDC, este último muerto hace mucho, y en cierta parte del libro que no voy a decir, aparecen otros dos perros con el nombre de Jimmy y Robert, guitarra y cantante de Led Zeppelin.
Al hombre le ofrecen un día la compra del traje de un muerto, con la condición de que el fantasma del muerto va incluido en el precio.
Buen planteamiento.
Tiene momentos verdaderamente espeluznantes, pero la acción se concentra en varios trozos separados por largos desarrollos que sí, son necesarios para que la historia sea bien entendida, pero se hacen un poco pesados. Antes del desenlace final, típico de las novelas de Stephen King, hay un desarrollo de esos muy largo que cuesta de digerir y hace que uno tenga ganas de acabar el libro de una vez.
Pero ¡ojo!, me ha gustado, que nadie piense lo contrario. Si alguien me pregunta que qué tal, diré que bien, sin más.
En Discópolis dijeron que nosequién dijo que era la mejor ópera prima de terror desde hacía mucho tiempo, el libro está bien, pero creo que no es para tanto.

21 ene 2009

¿Habéis visto el nuevo R 29?

!Qué raro y qué guapo!
Parece que este año hay cambios importantes en estética.
!Vamo Torete, con do cohone a por el Mundiá!
El 29 de marzo todo el mundo delante de la tele. Esperamos con ansiedad.

El poeta del tigre

-¿Dónde está el tigre, jefe?
-Al fondo a la derecha.
-Como en todos los bares ¿eh?
El dueño del bar fulminó al joven con la mirada. Detestaba que se le tomasen confianzas gratuitamente, sin haber dado pie a ello. Especialmente si se trataba de un mocoso melenudo de esos que ahora llaman “antisistema”.
Pero no había nada en el mundo más indigesto para él que la imagen de un antisistema tan impecablemente vestido y peinado como aquél.
-Al menos se ha de ser auténtico, cualquier cosa, pero auténtico-. Era su frase preferida, le encantaba, y la consideraba propia, pero nunca encontraba el momento de escribirla en la puerta del tigre de su propio bar.
A la pregunta de “¿Un hippy necesariamente ha de oler mal?” el dueño del bar respondía rotundamente “SÍ”. Ante todo se ha de ser auténtico. Prefería antes un hippy oliendo a ajos rancios y a perro mojado que a uno como aquél, que a su paso iba dejando una ligera estela con aroma de lavanda, perfume natural de lilas y un toque de limón.
Además, su larguísimo, lisísimo, brillantísimo e impolutísimo cabello estaba ahorquillado detrás de las orejas y tenía las puntas cortadas en una línea recta tan perfecta que parecía haber sido trazada con escuadra y cartabón. ¿Y qué decir de sus gafitas?, eran de esas que parecen ser capaces de cambiar el mundo con una canción.
Este antisistema carecía de dos de los tres requisitos imprescindibles para ser un antisistema auténtico: rastas y piojos.
El tercer requisito (el perro), esperaba fuera amarrado con una brillantísima correa y un brillantísimo collar a una brillantísima farola cuidadosamente escogida.
El perro carecía de los dos requisitos imprescindibles para ser un perro hippy: rastas y pulgas. Era un precioso setter irlandés de pura raza, de pelo ocre rojizo aún más brillante que el de su colega (él nunca se consideraría su amo). Parecía que en su vida se hubiese comido una mierda de gato, costumbre muy arraigada en la especie canina, por brillantísimo que sea su pelaje.
-No hay papel –dijo el dueño del bar mientras fregaba vasos en un agua marrón enfundado en un delantal de hule-.
-No importa, jefe.
Eso de “jefe” le encendía.
-Cuidado que no te muerda una rata, hace tiempo que no lo limpio.
-Tendré cuidado –dijo el joven, sin captar la segunda ni la tercera intención-, sólo voy a leer un poco.
¿Leer un poco? Este niñato es bobo –dijo para sí el camarero mirando de reojo al mozo-.
Nuestro inmaculado neohippy oseaquétalsabeloquetedigo atravesó el tenebroso pasillo que llevaba hasta el tigre de los tíos. Esta estancia en otro tipo de locales adopta otros curiosos nombres como “lavabo de caballeros”, “servicios” o en ambientes más cosmopolitas “tualet”, todos ellos en desuso. Al entrar y ver el lado interior de la puerta se le abrió el cielo, ante sí se presentaba el espaldarazo definitivo a su obra. Estaba elaborando una tesis de final de curso para su carrera de filología. Su sugerente título era “El poeta del tigre” y su contenido era una recopilación de los mejores escritos y pintadas de las puertas de los bares de la región.
Aquella puerta, lejos de estar llena de garabatos en forma de pollas gigantescas, erectas y eyaculantes estaba abarrotada de arriba a abajo de decenas de comentarios muy representativos de lo que tienen en la cabeza las gentes de nuestras tierras.

ATENCIÓN. ESTA BOBADA ES PURA FICCIÓN, PERO LOS ESCRITOS QUE SE CITAN A CONTINUACIÓN (EN MAYÚSCULAS) SON DEL TODO REALES, ESTÁN EN EL LAVABO DE LA GASOLINERA DE CERVERA EN LA NACIONAL II. EN... ¡UNA SOLA PUERTA!.

La mirada del chaval se dirigió directamente a lo más llamativo. En el centro de la puerta, debajo de una gran “A” anarquista y en grandes y verdes mayúsculas ponía:
NI BANDERAS NI FRONTERAS.
Con una sonrisa dibujada en su rostro empezó a escudriñar la puerta por su parte superior y a tomar nota.
ZONA ANTIFA, MEJOR ACEPTARLO, EL QUÉ?
A saber lo que quería decir el autor con eso. Justo debajo había una de esas frases con comentario adicional:
VISCA EL PP.
ESCRITO POR UN HIJO DE PERRA.
Diversas ideologías representadas...
Debajo otra serie, cada una de las tres frases de diferente autor:
CATALANES DE MIERDA, QUE OS FOLLEN A TODOS (a los catalanes siempre se les pone a parir).
SÍ, PERO TU MADRE NO, QUE LA MUY PUTA NOS COBRA.
Y LA PELA ES LA PELA.
Repartidos por toda la puerta había varios comentarios de dudosa intención, a veces acompañados de números de teléfono, ahí van unos cuantos:
QUIERO QUE ME FOLLEN EL CULO.
BUSCO HOMBRE BIEN DOTADO.

SI TE GUSTA QUE TE LA CHUPEN BIEN PON TU TELÉFONO.

CASADA MUY VICIOSA.

ME GUSTAN LAS POLLAS NEGRAS Y BLANCAS.

Exquisito.
Otra frase con respuesta:
FORÇA BARÇA.
Y TU PUTA MADRE, CATALINO.
Y otra, ésta con comentarios de respuesta intercalados, en negrita y en azul las palabras del segundo interlocutor:
VISCA EL PUTO BARÇA. PUTO.
AQUEST ANY GUANYEM UNA MIERDA LA CHAMPIONS.
Hay gente que se queda mirando la puerta y le entran ganas de escribir algo pero no les ocurre nada. Algunos ponen su nombre:
CARLITOS.
Y otros lo primero que se les viene a la cabeza:
MOSSOS FILLS DE PUTA.
He aquí otra serie:
SANG CULÉ COR CATALÀ!!
CORNUDO SEGURO, FIRMADO POR UN PUTO ESPAÑOL.
Pero en una puerta tan repleta siempre hay alguna perla. Al loro con esta cita:
¡LA MUERTE TIENE TAN CLARA SU VICTORIA QUE TE DA DE VENTAJA TODA LA VIDA!
¡Excelente! –celebró el hippy. Y al seguir leyendo se encontró con lo que viene a continuación. Estaba escrito a una altura y con una inclinación que delataba con toda seguridad que el autor escribía sentado en la taza del wáter. Por favor, lease bien que no tiene desperdicio:
¿QUÉ, CAGANDO EH?
QUÉ A GUSTO SE QUEDA UNO ¿VERDAD?

ES LO MEJOR QUE HAY, IGUAL QUE COMER Y FOLLAR.

BUENO, Y QUE TE LA CHUPEN.

BUENO, LIMPIATE BIEN Y A CURRAR.

Impresionante. Grandiosa y sencilla reflexión sin réplica posible. O ¿acaso hay alguien que no esté de acuerdo? Destila un buenrollismo que regocija a cualquiera.
Algunos se meten en política:
CON AZNAR COMÍAMOS EN EL BAR Y CON ZP COMEMOS EN EL MALETERO.
Esto es todo lo que había en la puerta, pero en el soporte del papel higiénico había escrita otra estupenda perla:
DE PEQUEÑO EL COCO, DE MAYOR LA COCA.
¿CUÁNDO COJONES PODRÉ DORMIR?

Con esto tenía suficiente para completar su tesis, pero se prometió, por puro placer, seguir leyendo los contenidos literarios de las puertas de nuestros bares, y... quizá algún día, se decidiese a escribir un libro.

“Todo bajo el Cielo” – Matilde Asensi (2006)

Trepidante e interesantísima aventura en la China de principios del siglo XX (siglo XX... eso fue hace mucho ¿no?), en los tiempos en que “sólo” vivían 400 millones de chinos.
Matilde Asensi hace un retrato a pincel de las grandezas y las miserias de la desconocida China y su milenaria cultura, avanzada y arcaica al mismo tiempo y llena de fuertes contradicciones.

Es una novela de aventuras muy instructiva que nos dejará boquiabiertos en más de una ocasión. Está narrada en un lenguaje fresco y suelto. Cualquier excusa es buena para explicarnos alguna cosa sobre la cultura china. Después de leer este libro se ve a los chinos de otra manera, como con más respeto. Pero no puedo evitar hacerme la siguiente pregunta: ¿Conocen los chinos de hoy en día su propia filosofía? Me cuesta imaginarme a los dependientes de las tiendas y restaurantes de por aquí haciendo tai-chi nada más levantarse por la mañana.
Al margen de preguntas bobas, el libro me ha gustado muchisímo, he disfrutado de lo lindo leyéndolo. Sobretodo las 50 últimas páginas son un derroche de imaginación tan desbordante que rozan el delirio.
Lo recomiendo a cualquiera que le guste leer.

Wikienlace.

22 dic 2008

El lavavajillas

El otro domingo, segundo de los tres días seguidos de fiesta del puente de la Constitución, me disponía a disfrutar de una inactiva y relajada tarde de invierno sentado en el sofá al romántico calor de la estufa de butano. Pero antes tenía que poner en marcha mi adorado lavavajillas, máquina celestial donde las haya.
Habiéndose acabado ya el bote de jabón de lavavajillas barato pero eficiente que tenía (el Calgonit es carísimo) me preparé para estrenar el nuevo Top Budget, excelsa marca blanca del Intermarché, que compré unos días antes a un precio tan módico como sospechoso.
Si no lavaba bien del todo lo pondría otra vez, y si aún así se resistiese a eliminar hasta la última huella de suciedad intentaría aguantar el fin de semana como pudiese y compraría otro y listo, cualquier cosa con tal de no lavar a mano. Pero, ¿por qué iba a ir mal? Intermarché es un súper más o menos fiable.
Agarré el bote con rutinaria resolución y busqué en el tapón la pequeña hendidura para verter el jabón en la jabonera de la máquina. Pero...
...la hendidura no estaba.
Mmm...
Demasiado barato –pensé-, tendré que afinar para no echarlo fuera, pero como es tan barato si se pierde algo no pasa nada.
Desenrosqué el tapón. Era la primera vez en mi vida que desenroscaba algo para poner un lavavajillas. Ha de haber una primera vez para todo en la vida. Me vino un olor a lavavajillas barato que me sorprendió más aún que lo de la hendidura, lo que me hizo mirar en el interior del bote. Lancé una mirada temerosa y descubrí lo que nunca hubiera imaginado, el jabón era líquido. Jabón de lavavajillas líquido.
Mi confuso cerebro empezaba a vislumbrar un error en todo aquello, pero aún era ajeno a la tragedia que estaba por venir. Alcé el bote hasta la altura de mis ojos y lo observé con recelo.
La etiqueta rezaba:
“Lavavajillas”.
Nada más.
Aterrado, giré el orondo recipiente para buscar algo más de información en su parte trasera, y en ella ponía:
“Modo de empleo”.
Mis ojos, desobedeciendo a mis neuronas, se dirigieron a la línea siguiente.
“Aplicar el producto sobre una esponja y frotar la vajilla y cubiertos a limpiar. Una vez eliminada la suciedad aclarar con agua y dejar secar”.
Dios mío.
Las prisas a la hora de comprar habían hecho que me confundiese de bote y había comprado jabón para lavar a mano.
Dios mío de mi vida.
Las piernas me empezaron a temblar. Un sudor helado me empapó todo el cuerpo en un santiamén.
No podía ser.
Mi desconcertada mente intentó buscar un remedio a este tremendo desaguisado. Hoy es fiesta, las tiendas están cerradas y... ¡Ay Dios mío, mañana también!
¿Tendré que fregar todo esto a mano?
¿Qué será de mí?
No puede ser, tiene que haber una solución.
Pero no la había.
Intenté hacerme cargo de la nueva situación, sin perder los nervios, conservando la calma, lo que desgraciadamente me hizo recordar que el grifo del agua caliente estaba roto.
Mis excitadas neuronas volvieron a funcionar de una forma alocada y crearon en mi cabeza la idea de que posiblemente habría algún supermecado de guardia que me podría salvar la vida. Nada más lejos de la realidad. Eso es sólo para las farmacias. Salí disparado hacia el perchero para ponerme la chaqueta y... y rápidamente se me borró la absurda idea de que en una farmacia vendiesen lavavajillas de máquina.
No había solución.
“Frotar”, decía la etiqueta. “Frotar, frotar, frotar...”
Me sumí en una niebla oscura y profunda de la que creí que nunca saldría, pero, armado de toda la voluntad que pude reunir de lo más profundo de mi ser, empecé a sacar los cacharros de la inactiva máquina.
A los dos minutos de forzoso trabajo tenía las manos heladas, a los tres la espalda molida, y a los cuatro las cervicales se me cristalizaron en una extraña aleación más dura que el titanio.
“Frotar, frotar, frotar”.
A media faena resolví dejar el resto para el día siguiente. Enfundé mi magullado cuerpo en la bata y me senté en el sofá al romántico calor de la estufa de butano.
La estufa funcionaba. Menos mal. Y me di cuenta de que con sólo accionar un interruptor se encendían las bombillas de la lámpara. Y desde el mismo sofá podía cambiar el canal de la tele para ver sus estúpidos contenidos. También recordé que en la galería había un máquina que me lavaba la ropa y otra que me la secaba, en el bolsillo un cacharrito que me permitía comunicarme con otras personas a distancia, a la distancia que sea. Y cómo no, también pensé en la maquinorra que tenía en la calle con la que podía desplazarme rápida y cómodamente a lugares que de otra forma sería imposible.
Imposible no. Nada es imposible.
¿Qué haríamos sin todas estas cosas?
Vivir.
La vida sería muy diferente, eso está clarísimo, pero viviríamos. No sé si más felices o menos, eso depende de otras muchas cosas, pero viviríamos.
¿Dependemos de todas esas comodidades?
Nuestra comodidad depende de todas esas comodidades, nosotros no. Eso está muy bien decirlo, pero por si acaso, intentemos conservar el frágil equilibrio que nos permite vivir así, y una buena manera es saber valorar la cómoda rutina en la que se ha convertido nuestra vida.
“Rutina” es una palabra que connota aburrimiento, dejadez, despersonalización, automatización, bla, bla, bla, todo esto suena fatal, pero a mí me gusta.He aquí el objeto de mi desdicha.

9 dic 2008

Calcetines nuevos

Estrenar unos calcetines es uno de esos pequeños placeres que, si se saben disfrutar, le dan a la vida un poquito de chispa. Me encanta estrenar calcetines, aunque sean de los chinos.
Ya está, sólo era eso.