Tremp 6:00 horas, empieza el viaje.
Isona 6:20 horas, coche escacharrao, se interrumpe el viaje. Mecagüen.
Vamos bien de tiempo. Sin problema. Nos subimos al avión con estos caretos...
... y llegamos a Venezia...
Venezia es un lugar muy especial, sorprende a cada paso. Es y no es lo que uno se imagina. No es de una belleza extraordinaria, pero sí la ciudad más peculiar del mundo. No es que no haya coches, es que no hay ni bicicletas. Nada que tenga ruedas tiene sentido en Venezia, todo, repito, todo, se hace en barco.
Hay muchas cosas que definen Venezia, las que todo el mundo sabe, como los canales y las góndolas...
...los gondoleros...
...los puentes, como en este cruce de canales...
... o il Ponte de Rialto...
... la Plaza San Marco...
...alguna basílica...
Y otras muchas que hay que patear para descubrirlas, como sus cientos de calles extremadamente estrechas...
...sus tiendas...
... las fábricas de vidrio en la isla de Murano...
... la inexplicable y desmedida confianza que muestran los pajarracos del lugar...
... la Blasa pidiendo limosna...
... las terracitas al sol...
... las grúas...
... el mercado de pescado...
... el café Florian, il piu antico dei mondo...
... el desastroso mantenimiento de casi todos los edificios...
... los angostos soportales...
... o las italianas que caminan a toda prisa enganchadas al móvil de una forma obsesiva.
Lo que está claro es que Venezia no se puede ver en un día, y para ello no hay mejor vehículo que éste:
... porque sin perderse es imposible llegar a todos los rincones. Y cuando digo perderse digo perderse. Literalmente. A razón de una vez por día. Suerte que tarde o temprano llegas al Canal Grande o al Adriático. Venezia es la definición perfecta de la palabra “laberinto”.
Cada viaje tiene su toque especial, y hay cosas que hay que hacer casi por obligación. De la misma forma que no puedes ir a Roma sin ver el Coliseo, no te puedes ir de Venezia sin montar en góndola:
O sin echarte una foto con un canal de fondo:
O sin saborear su gastronomía, que podría ser mejor pero está bastante bien:
Pero como comer en restaurantes sale muy caro, al menos por las noches hay que cenar en la habitación, eso sí, sin privarse de nada:
(fíjate bien, no es una mesa)
O sin fotografiar todas las góndolas que puedas...
Tampoco te puedes ir de Venezia sin comprarte unas gafas de sol Ferrari y hacerte una foto al lado de un Formula 1, no hay nada más típico.
Ni sin comprarte algo en una de sus cientos de joyerías, aunque sea un anillo de oro y diamantes.
(es el del medio)
Y otra cosa que está muy bien, a los camareros no hace falta pedirles que te hagan una foto, se ofrecen ellos de muy buena gana:
Es que los italianos son una gente estupenda, y su bella Italia también.
Pues nada más, os dejo con una bonita foto desde Il Ponte de L’Accademia y unos vídeos que muestran el tráfico de barcos en los canales.













