22 jun. 2008

Revivir recuerdos espontáneos

Los pensamientos a veces van a su aire. Digo a veces por no decir “muchas veces” o “casi siempre”. A veces (pues eso) se comportan como entes independientes, ajenos a tu propia voluntad, y sin quererlo ni preverlo aparecen sin pedir permiso y se adueñan de la situación.
El otro día, vaya-usté-a saber por qué encadenamiento de ideas, rocambolesco él sin dudad alguna, me acordé del preciso instante en que aprendí a montar en bici. Tenía nueve años, pasábamos la temporada de verano en el camping Francàs, en Comarruga, un amiguete me dejó su bici (yo no tenía, valían dinero) y me lancé por la suave pendiente que partía justo al lado de donde estaban montadas nuestras tiendas. La primera vez que lo intenté anduve la friolera de tres o cuatro metros, que fue lo que me permitieron mis intestinos que se aflojaban cada vez más, aumentando su flojera de manera exponencial con cada metro recorrido. Todo esto sin pedalear, por supuesto. Me bajé de la bici y subí a pie al punto de partida arrastrando la máquina como buenamente podía. Después de intentarlo varios millones de veces, jugándome el físico entre los baches y enfrentándome a una lucha sin par contra mi propia memoria que se negaba a que recordase donde demonios estaban los frenos, además de la mecionada flojera intestinal, conseguí llegar hasta abajo. Bien, primer nivel completado. Pasaron varios millones de bajadas más y por fin me lancé a pedalear… y lo conseguí.
Aquí es donde iba, a ese preciso instante, recordé, o reviví, ese preciso instante de satisfacción, orgullo y realización personal, esperando que alguien me viese para decir -“!Mira lo que hago!”. Sentí las sensaciones físicas, manos en el manillar, pies en los pedales moviéndose con cuidado, vista centrada en la rueda delantera (-“Tienes que mirar hacia delante”, sí hombre sí, hacia delante, con la faena que me da saber donde está la rueda y me dicen que mire hacia delante) y las citadas sensaciones de satisfacción, alegría y otras cosas.
La verdad es que fue agradable. Lo malo es que estos recuerdos que aparecen sin llamar no suelen serlo. Hasta me extrañó, porque generalmente uno se acuerda de momentos concretos en los que hizo un ridículo espantoso, o fue humillado, o pasó un vergüenza terrible, hasta el punto de sonrojarse sin poder evitarlo, incluso estando sólo, mientras planchas, conduces o esperas en la cola de la caja del súper. Lo jodido es que las sensaciones son mucho más intensas, más que lo de la bici, mucho más, y aparecen más a menudo, independientemente del estado de ánimo tanto del momento como de esa temporada.
¿Cómo coño se le llama a eso?, ¿Es eso la conciencia?. Creo que no, porque la conciencia es la que no te deja vivir cuando sabes que has hecho algo que no debías, algo de lo que te arrepientes y que ya no tiene remedio. Estas situaciones de vergüenza no deberían formar parte de la conciencia, en realidad no son malos actos de los que uno se arrepienta, sino situaciones en las que uno se sintió mal, de la manera que fuese, sin poder evitarlo y generalmente sin ser culpable.
A veces me pregunto si estos son los recuerdos que va dejando la vida y me niego a responderme que sí. Todos hemos vivido buenos y malos momentos y por eso tenemos buenos y malos recuerdos, lo que pasa es que los recuerdos son ideas, se recuerda la última vez que se recordó, y esos recuerdos van acompañados de ligeras sensaciones, porciones infinitesimales de lo que se sintió, pero nada comparado con esos recuerdos espontáneos que no son ideas sino sentimientos, que te hacen revivir por unos momentos con exactitud lo que sentiste, en los que se pierde la voluntad de la consciencia casi por completo y sólo se recupera utilizando lo que falta para lo completo para deshipnotizarse y salir de ahí pensando cosas como –“¿Por qué cojones estaba yo pensando esto?”.
Aquí debería haber una conclusión, debería intentar explicarme qué clase de extraños mecanismos controlan la mente.
-“¿Explicarse los extraños mecanismos que controlan la mente?” –dijo Andrés Hurtado.
-“Dejémoslo para otro día” –contestó su tío Iturrioz.
-“Bien, sirvámonos otro vaso de Chivas y bebamos, que al fin y al cabo no pasa nada”.
-“Chinchín”.


18 jun. 2008

El árbol de la ciencia – Pío Baroja (1911)

Va bien de tanto en tanto desmarcarse un poco de las novelas de literatura actual superventas, que ojo, las hay geniales, pero leer estas cosas es un placer.
Durante todo el libro hay una sucesión de personajes secundarios (como doscientos más o menos, no los he contado), cada uno representa a un modelo del bestiario de la sociedad española de hace cien años.
El personaje principal es Andrés Hurtado, médico, con una crisis existencial permanente, que le hace divagar con elucubraciones filosóficas sobre el ser humano y el sentido de la vida, y el sentido de su propia vida. Divagaciones que llegan a su punto álgido en las conversaciones con su tío Iturrioz.
La España del chulo, del pobre y el rico y sus grandes diferencias, de la recatada, del usted por aquí y el usted por allá, de la sin razón, del egoísmo, de los toros, del profesor ignorante, del ignorante petulante, de curas dueños de burdeles, del calor abrasador y la miseria extrema y aceptada está retratada en cada página.
Me ha llamado la atención una frase que dice: “Las costumbres de Alcolea (pueblo de Castilla) eran españolas puras, es decir, de un absurdo completo”. Muy gráfico. Pío Baroja habla de la España que le cuesta evolucionar, de la que hoy en día quedan vestigios más que considerables, de esa España que ya parece parte de Europa. Parece.
Una lectura agradable y muy interesante de la que se aprende mucho.
Reflexión chorra. No sé si Pío Baroja tuvo hijos, si fue así ¿cómo los llamó? ¿Guau?, ¿Mu? Lo siento, no he podido evitarlo.

2 jun. 2008

"Inland Empire" - David Lynch (2006)


Queda supercool decir: -"Ayer vi una peli de David Lynch".
Y más cool aún decir:-"Sí hombre sí, el director sueco, que hace pelis buenísimas".
Lo malo es si te preguntan de qué iba, entonces tu mundo supercoolísimo se va al carajo.
Pues bien, ayer vi "Inland Empire", de David Lynch, (sí hombre sí, el director sueco que hace pelis buenísimas), pero no me enteré de nada. Es más, la faena de seguir despierto fue titánica, y no soy ningún titán.
Es  l e n t í í í í í s i m a, soporífera, "Mullholland Drive" es cojonuda, el argumento, auque raro, es fluido y pasan cosas, y la gente dice cosas, y si no te has enterado mucho de lo que pasa, pues la ves otra vez, 
porque se deja ver, y cada vez que la ves pillas algo más.
La reflexión siguiente está clara, veo "Inland Empire" otra vez y ya está.
Pues no señor, no la pienso ver. Me niego a hacer el esfuerzo de intentar averiguar qué diantres se le pasaba al sueco por la cabeza cuando creó esa peli y de comerme esos intervalos interminables de vacío que ocupan gran parte del metraje.
No, no la pienso ver.

1 jun. 2008

"Spin" - Robert Charles Wilson (2005)

Acabo de terminar un libro de ciencia ficción (hacía miles de millones de años que no leía ciencia ficción) titulado "Spin",
de Robert Charles Wilson.
Me ha parecido cojonudo, realmente estupendo. No es la típica historia de ciencia ficción de naves espaciales enormes y rayos laser que suenan en el espacio vacío, es una
historia del mundo de hoy, en el que pasan cosas muy raras, claro está.
Una noche, sin previo aviso, las estrellas y la luna desaparecen, el cielo se vuelve completamente negro...
La explicación te la va dando poco a poco, lo que hace que la intriga sea cada vez mayor (a mayor conocimiento más dudas).
El relato está narrado en dos secuencias de tiempo diferentes de la misma historia, la primera se juntará con la segunda al final, lo que hace aumentar las ganas de saber qué pasa y que te enganche de una manera bestial. Lo que pasa, como con todos los buenos libros, es que se acaba, y el deseo de que eso no pase hace que te relamas con cada palabra.
Tiene mucha carga filosófica, de la que te hace reflexionar, esto es buena señal, dice mucho de un libro.

Presentación

Acabo de crear este blog, ¿que para qué? ¿y yo qué sé?
Qué preguntas...
Pues por ejemplo, para comentarme a mí mismo reseñas de discos...
hacer reflexiones sobre lo que sea... y opiniones sobre lo mismo (o sea, lo que sea).
Ya se sabe que estas cosas son más que nada personales, hay otras formas de comunicarse, supongo que la intención es autoterapéutica, es una manera de pensar visual y permanente en el tiempo.
Con lo de personales quería decir que uno, en realidad, no hace esto para que lo lean los demás, sino para uno mismo, aunque cualquiera es libre de participar, claro está.
Cuantos más mejor, pero es evidente que la basca no tiene tiempo (y ganas menos aún) para las bobadas de los demás.
No me imagino a alguien diciendo:
-!A ver qué ha escrito el Juanki hoy en el blog!
Bueno, sí me lo imagino, un poco onírico, y surrealista, pero me lo imagino.