23 feb. 2011

"Cometas en el cielo" - Khaled Hosseimi (2003)


“Permanecimos apretujados de aquella manera hasta primera hora de la mañana. Los disparos y las explosiones habían durado menos de una hora, pero nos habían asustado mucho porque ninguno de nosotros había oído nunca disparos en las calles. Entonces eran sonidos desconocidos para nosotros. La generación de niños afganos cuyos oídos no conocerían otra cosa que no fueran los sonidos de las bombas y los tiroteos no había nacido aún. Acurrucados en el comedor y a la espera de la salida del sol, ninguno de nosotros tenía la meor idea de que acababa de finalizar una forma de vida. Nuestra forma de vida. Aunque sin serlo del todo, aquello fue, como mínimo, el principio del fin. El fin, el fin oficial, llegaría primero en abril de 1978, con el golpe de estdo comunista, y luego en diciembre de 1979, cuando los tanques rusos se hicieron dueños de las mismas calles donde Hassan y yo jugábamos, provocando con ello la muerte del Afganistán que yo conocía y marcando el principio de una época de carnicería que todavía hoy continúa.”

Realidad pura, sin tapujos. “Cometas en el cielo” es una estremecedora y emocionante novela que narra la triste historia reciente de Afganistán. Si lo vas a leer prepárate, porque toca la fibra más sensible, va directa a las emociones. Pero ojo, no es un dramón lacrimógeno, simplemente es la pura realidad.

Excelente historia de este afgano residente en Estados Unidos que te hace entender a la perfección el caos que reina hoy en día en Afganistán.

Sin ser el estilo que más me gusta tengo que reconocer que el libro es cojonudo, y me ha hecho pasar muchos y muy buenos ratos, pero también malos. En realidad muchos más malos que buenos, pero siempre por culpa del argumento, porque está escrito con una técnica y un estilo impecables. Tanto los personajes como la historia son perfectamente creíbles, y la pasión con que ésta está escrita no te deja un segundo de descanso, no para de enviarte emociones fuertes y directas para que las digieras como buenamente puedas. Aviso, si te dejas llevar, en más de una ocasión se te pondrán los ojos vidriosos. Mi consejo es… que te dejes llevar.

Os dejo otros dos fragmentos muy significativos. No tienen desperdicio.

“Farid señaló a dos hombres que charlaban animadamente en una concurrida esquina. Uno de ellos cojeaba de una pierna. La otra estaba amputada por debajo de la rodilla. En las manos sujetaba una pierna ortopédica.
-¿Sabes qué están haciendo? Regatear el precio de la pierna.
-¿Está vendiéndole su pierna?
Farid hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
-En el mercado negro puede obtenerse un buen dinero por ella. El suficiente para alimentar a los hijos durante dos semanas.”

“Me meo en la barba de todos esos santurrones. No hacen nada, excepto sobarse sus barbas de predicador y recitar un libro escrito en un idioma que ni siquiera comprenden. Que Dios nos asista si Afganistán llega a caer en sus manos algún día.”

16 feb. 2011

Venezia

Tremp 6:00 horas, empieza el viaje.
Isona 6:20 horas, coche escacharrao, se interrumpe el viaje. Mecagüen.


Vamos bien de tiempo. Sin problema. Nos subimos al avión con estos caretos...


... y llegamos a Venezia...



Venezia es un lugar muy especial, sorprende a cada paso. Es y no es lo que uno se imagina. No es de una belleza extraordinaria, pero sí la ciudad más peculiar del mundo. No es que no haya coches, es que no hay ni bicicletas. Nada que tenga ruedas tiene sentido en Venezia, todo, repito, todo, se hace en barco.

Hay muchas cosas que definen Venezia, las que todo el mundo sabe, como los canales y las góndolas...


...los gondoleros...



...los puentes, como en este cruce de canales...


... o il Ponte de Rialto...


... la Plaza San Marco...


...alguna basílica...



Y otras muchas que hay que patear para descubrirlas, como sus cientos de calles extremadamente estrechas...


...sus tiendas...







 

... las fábricas de vidrio en la isla de Murano...


... la inexplicable y desmedida confianza que muestran los pajarracos del lugar...




... la Blasa pidiendo limosna...


... las terracitas al sol...



... las grúas...


... el mercado de pescado...


... el café Florian, il piu antico dei mondo...



... el desastroso mantenimiento de casi todos los edificios...



... los angostos soportales...


... o las italianas que caminan a toda prisa enganchadas al móvil de una forma obsesiva.



Lo que está claro es que Venezia no se puede ver en un día, y para ello no hay mejor vehículo que éste:


... porque sin perderse es imposible llegar a todos los rincones. Y cuando digo perderse digo perderse. Literalmente. A razón de una vez por día. Suerte que tarde o temprano llegas al Canal Grande o al Adriático. Venezia es la definición perfecta de la palabra “laberinto”.

Cada viaje tiene su toque especial, y hay cosas que hay que hacer casi por obligación. De la misma forma que no puedes ir a Roma sin ver el Coliseo, no te puedes ir de Venezia sin montar en góndola:



O sin echarte una foto con un canal de fondo:


O sin saborear su gastronomía, que podría ser mejor pero está bastante bien:



Pero como comer en restaurantes sale muy caro, al menos por las noches hay que cenar en la habitación, eso sí, sin privarse de nada:

(fíjate bien, no es una mesa)

O sin fotografiar todas las góndolas que puedas...


Tampoco te puedes ir de Venezia sin comprarte unas gafas de sol Ferrari y hacerte una foto al lado de un Formula 1, no hay nada más típico.


Ni sin comprarte algo en una de sus cientos de joyerías, aunque sea un anillo de oro y diamantes.

(es el del medio)

Y otra cosa que está muy bien, a los camareros no hace falta pedirles que te hagan una foto, se ofrecen ellos de muy buena gana:


Es que los italianos son una gente estupenda, y su bella Italia también.

Pues nada más, os dejo con una bonita foto desde Il Ponte de L’Accademia y unos vídeos que muestran el tráfico de barcos en los canales.


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14 feb. 2011

¡Bravo por los egipcios!



Pacíficamente, pero con pasión y perseverancia habéis conseguido destronar a Mubarak. Así se cambia el mundo, sí señor, con dos cojones.
Pero no os confiéis, que el camino a partir de ahora, aunque esperanzador, sigue siendo muy difícil.


Un diez por Egipto.