22 nov. 2010

Reflexiones sobre el canon digital.

El otro día puse una lavadora, y en unos pantalones estaba mi teléfono móvil. Quedó limpísimo. Además de inservible. Y como sin móvil ya no podemos estar, y de eso se encarga la compañía telefónica, canjeé mis puntos acumulados por otro nuevo por cero euros.

¿Cero euros? Cuál fue mi sorpresa cuando la moza de la tienda me dijo:

-Es un euro treinta.
-Perdón, ¿cómo dice?
-Un euro treinta, la compañía ya no se hace cargo del canon digital.

O sea, que por un puto móvil que lleva una tarjeta de memoria que después de meterle lo imprescindible quedan unos cinco megas, espacio en el que, como mucho, puedo poner una canción, si es que cabe, tengo que pagar un euro treinta. Y todo eso por si se me ocurriese utilizarlo para copias “ilegales”.

Pues ¿sabéis lo que os digo? Que tengo un disco duro de 500 gigas, por el que ya pagué el canon, y no pienso parar hasta que lo llene, y cuando eso pase me compraré otro de 5.000, y me seguiré bajando lo que me dé la gana hasta que encontréis una manera de sancionarme por ello, si es que merece sanción. Y para eso tengo un amigo que me va a ayudar fielmente como ha hecho hasta ahora. Éste es mi amigo:

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