12 sept. 2008

El juego del ángel – Carlos Ruiz Zafón (2008)

Podría empezar de muchas maneras pero prefiero hacerlo diciendo que si “La sombra del viento” me gustó, éste me ha gustado aún más.
Lo estaba leyendo en un bar de Linyola y tuve que sacar mi pequeño cuaderno con tapa de piel para anotar este también pequeño fragmento lleno de significado:
“Las buenas palabras son bondades vanas que no exigen sacrificio alguno y se agradecen más que las bondades de hecho”.
Si hubiese tomado nota de todos los fragmentos de la calidad de éste ocuparía todo el espacio que me presta Google para escribir mis cosillas. También podría haber puesto aquí, aunque sólo fuese, uno o dos fragmentos más, pero la tarea de dejar el libro y sacar el cuadernillo para ponerme a escribir habría sido demasiado dura. Como lo era el dejar de leer para reengancharme al tajo, o luchar para comprender las líneas borrosas que se aparecen ante la vista agotada por el sueño.
Un ambiente oscuro y tétrico rodea casi toda la historia, iluminada por las tronchantes conversaciones entre David Martín e Isabella, sobrecargadas de un cinismo hilarante.
Carlos Ruiz es un mago de las palabras. No hay que tener prisa en leer, hay que pelear contra la impaciencia de querer saber qué pasará en la siguiente página para poder disfrutar lo máximo posible de la escritura de este genio que entremezcla las palabras de una manera magistral.
Es más difícil de seguir que “La sombra del viento”. La trama se enreda en nudos que no se desatan hasta el final, y está aderezada por elementos irreales y fantasiosos, como de otra dimensión, que uno intenta explicarse sin éxito, lo que sin duda alguna contribuye a engancharte en la lectura de una manera enfermiza. Todo es más oscuro y tétrico que en su anterior novela, que ya es decir. Pero si en “La sombra del viento” el eje de la historia, que es Daniel, cede parte de su protagonismo a Fermín Romero de Torres, en ésta se centra sobre el personaje de David Martín. Hay muchos otros personajes secundarios de los que destacaría a Isabella, que es la que le da a la historia la luz que le falta en su trama.
Lectura obligada para todo aquél amante de los libros.
Estimado lector, si no has leído el libro te recomiendo que lo hagas antes de seguir leyendo esto, porque voy a hablar del final, y leer un libro como éste con una idea preconcebida y sabiendo qué pasará es como poco pecaminoso, por no hablar del perderse la experiencia de disfrutar de su lectura en toda su extensión.
El final te deja con la mirada perdida. No es una historia fácil de entender al cien por cien. Da a la interpretación. O eso creo yo desde mi humilde opinión. He terminado el libro hace poco más de una hora. Justo al acabar he estado andando en círculos un rato para intentar aclararme, para reconstruir la historia que se me había contado. Podría compararlo como el observador que admira un cuadro de Dalí. Vaya usted a saber qué demonios estaba pensando o sintiendo aquel hombre cuando pintó aquello. El caso es que el cuadro es bonito, se disfruta mucho observándolo, te hace sentir, que es lo fundamental, y cada uno siente lo propio. Con este libro pasa lo mismo, vaya usted a saber qué sentía Carlos Ruiz cuando escribió esta novela. Cada uno sentirá y entenderá cosas diferentes cuando la lea. Ahí está la magia.
Yo parto de la idea de que el patrón, Corelli, es el Diablo. Con mayúscula. Pero, según he leído por ahí, el Diablo no es un ser todopoderoso, no es el dios del mal, no es un dios. Es un ángel caído. Para hacer según qué cosas necesita de una mano ejecutora. Se sirve de todas las triquiñuelas posibles para conseguirlo, utiliza a los hombres.
Al final de la novela David deja el manuscrito que le encargó el patrón en el cementerio de los libros olvidados, justo en el mismo sitio en el que encontró “Lux Aeterna”, que era el manuscrito de Marlasca. Al ojear los libros que hay por allí se da cuenta de que todos los que hay en ese cuarto tratan de lo mismo. Yo lo que entiendo aquí es que el Diablo, desde tiempos inmemoriales, se ha servido de escritores que han narrado para él la historia de la Humanidad, y se han ido relevando uno tras otro. El anterior a David fue Marlasca, un hombre atormentado por la muerte de su hijo. El problema es que Marlasca se vuelve completamente loco y no le sirve. El manuscrito que escribe para él es un devaneo inteligible sobre el descenso a los infiernos. Cuando lo deja de utilizar, escoge a David, y desde muy jovencito, le hace vivir en un mundo irreal que sólo él puede ver. Le hace caer enfermo, le hace ver cosas que sólo existen en su imaginación. Entonces pacta con él el continuar viviendo, ayudado por una suma de dinero importante, a cambio de que escriba para él una religión. David escribe una creencia que ensalza al guerrero por encima de todo. No por casualidad al poco tiempo estalla la Guerra Civil Española seguida de la Segunda Guerra Mundial. Al patrón le gusta, pero David se revela y deja de acudir a sus citas. La única que lee el manuscrito es Cristina, al intentar quemarlo se le aparece el Diablo y hace que pierda la razón para acabar suicidándose.
Al final, el patrón, por un lado, está agradecido por escribir para él lo que deseaba, pero por otro desea vengarse de David por tener la osadía de enfrentarse a él, y al mismo tiempo reconoce que el eliminar a Cristina no fue justo. Por eso se la devuelve, para que la vea crecer, se vuelva a enamorar de ella y la pueda disfrutar toda su vida. Pero a la vez le da la eterna juventud, tanto por venganza como por agradecimiento, para que la vea envejecer y morir sin poder hacer nada. Por eso David decide que cuando muera se adentrará en el mar con su cadáver para estar con ella por toda la eternidad.
Esta es la primera conclusión que me ha salido justo después de leer el libro, pero tengo que comentarlo con la gente que lo ha leído, lo que puede que cambie mi lectura.

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